El FMI prevé en Venezuela una caída del 15% del PIB y una inflación del 13.000% en 2018

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La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, este lunes en Davos. EFE

Este país sudamericano, si se cumplen las previsiones del organismo internacional, perderá un 50% del producto interior bruto desde 2013

La actividad económica de Venezuela sufrirá un desplome del 15% en 2018, según la última proyección del Fondo Monetario Internacional (FMI). Es el punto negro de América Latina y como explica el economista Alejandro Werner la crisis por la que atraviesa es desproporcionada. El año pasado ya se contrajo un 14% tras hacerlo un 16,5% en 2016. Si se toma como referencia el 2013, el país petrolero perderá un 50% del producto interior bruto en apenas un lustro. Los desequilibrios son enormes y la distorsión mayor. La inflación superó el 2.400% en 2017 y se proyecta que ronde el 13.000% en el ejercicio entrante por el déficit y la pérdida de confianza.

La desconfianza hacia el país es total, según el Fondo Monetario Internacional, y eso afectará a su capacidad para financiarse. El impacto de la crisis de Venezuela se considera, en cualquier caso, “muy limitado” sobre los grandes vecinos, pese a que su economía representa un porcentaje muy elevado en el conjunto de la región. “Los efectos ya se produjeron”, ha asegurado Werner. Sí considera relevante el proceso migratorio, provocado por el deterioro de las condiciones económicas en el país. En un informe sobre la economía regional, Werner ha apuntado que este escenario en Venezuela es el resultado de “significativas distorsiones microeconómicas y desequilibrios macroeconómicos exacerbados por el colapso de la exportación petrolera”.

El alza de precios será cinco veces mayor de lo que el FMI había proyectado hasta ahora. Werner explica que la espiral inflacionista está alimentada “por el financiamiento monetario de profundos déficit fiscales y la pérdida de confianza en la moneda nacional”. Los títulos de deuda emitidos por Venezuela se encuentran técnicamente en situación de default, de acuerdo con una nota emitida el pasado 8 de enero por la Asociación de Corredores de Mercados Emergentes (EMTA, en sus siglas en inglés) tras las rebajas sucesivas de la agencia Standard & Poor´s.

Estas obligaciones son consideradas desde ahora como “flat trading”, es decir, que ya no interesan y su precio es únicamente su solo valor nominal. A inicios de este mes de enero, el país disponía de unos 9.700 millones de dólares de reservas, pero debía haber reembolsado al menos 1.470 millones antes del final de 2017 y otros 8.000 millones en 2018.

S&P y la también calificadora de riesgo Fitch declararon a Venezuela y a su empresa petrolera PDVSA en default parcial en diciembre pasado. En la actualización de las expectativas económicas de la región para este año, el FMI ha metido sin cambios su previsión de un crecimiento de 1,9% para América Latina y el Caribe, unas estimaciones que el organismo ya había divulgado en octubre. Sin embargo, el FMI ha añadido que si se excluyese a Venezuela de las previsiones, la región experimentaría un crecimiento de 2,5% este año.

La crisis que golpea a los venezolanos

El desastre económico que golpea al régimen de Nicolás Maduro es imparable desde hace años. La dramática tendencia hiperinflacionista es lo que más repercute en la vida diaria de los venezolanos. Los precios de los productos básicos fluctúan en cuestión de semanas, incluso de días, lo que hace que una familia media pueda satisfacer sus necesidades básicas. Casi todos los productos aparecen y desaparecen de las estanterías de las tiendas y los supermercados sin una lógica aparente. Además, las autoridades obligan a los comerciantes a mantener un precio fijo, por lo que no se puede adaptar el valor de un artículo o alimento a las oscilaciones del dólar en el mercado negro.

Venezuela es el país con las reservas de petróleo más grandes del planeta, pero, además del colapso de la petrolera estatal, derivado de su saqueo y mala gestión por parte de las élites del chavismo durante décadas, sus gobernantes no están en condiciones de aprovechar el alza del precio del crudo en los mercados internacionales por la desbocada deuda que afronta el Ejecutivo de Maduro.

El país alcanzó en diciembre de 2017 el nivel más bajo de producción en los últimos 28 años —1,6 millones de barriles al día, 216.000 barriles menos que el año anterior-. Y a pesar de este escenario, el Gobierno ha emprendido una deriva que tiende a aislarlo cada vez más de la comunidad internacional, de las oportunidades de negocio y las relaciones comerciales. En este contexto, el mandatario bolivariano lanzó antes de las pasadas Navidades una criptomoneda llamada petro que, dijo, estaría respaldada en reservas de oro, gas y diamante.

Werner confirmó, pese al freno que supone Venezuela para toda la región, que la recuperación de América Latina cobra ímpetu (1,9%) por la buena marcha de la economía global, el impulso del comercio, unas condiciones financieras favorables a la inversión, la mejora del precio de las materias primas y gracias a que Brasil, Argentina y Ecuador salieron de la recesión. Como adelantó el martes, se elevaron las expectativas de crecimiento para las dos mayores economías de la región este año, Brasil (1,9%) y México (2,3%). El FMI también revisó al alza sus previsiones de crecimiento para Chile (3%), Colombia (3%) y Perú (4%). Mantiene sin cambios la de Argentina (2,5%).

Fuente : EL PAÍS